[Extractos] «Lud mía» de Angélica Panes y Alexander Correa

Publicado recientemente en formato plaquette durante febrero del 2011, «Lud mía» es el resultado de la escritura a dos manos de Angélica Panes y Alexander Correa, un diálogo –atravelado por el deseo y su satisfacción– que busca tensar la escritura y decantarse en el gesto distante de Ludmila. Mientras una escribe, el otro dicta. Mientras uno mueve los ojos y la boca, la otra delira palabras e imágenes inconexas.

 

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Lud, lud repitió en tono contrariado. Lud, lud confirmó con voz satisfecha al mirar el hastío derramado entre las piernas. ¿De qué otra manera podrías llamarme? Sugerí para probar esa voz entrecerrada, dijo «nombres que no recuerdo», dijo, y me ofreció probar formas y leídas, noté sus «filosofía en el tocador» y muchas «justine» en el cuerpo. Me sentí entonces descifrando el idioma de alguien muerto, de un hombre vino a menos, y no pude resistir la tentación …

Lud, necesito algo de Lud.

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Eres la invención de mi corazón vaciado

Volviste Lud, retorna los pasos y las palabras en gesto de arrobo, en gesto de regazo o remanso de muecas. Traes cerezas frescas, manos frías, el esbozo de una nueva canción, tarareo en la punta de la lengua como perla preciosa, como borlado en tonos áureos que van uniéndose, colocándote en momentos y situaciones que no ha vivido, que quizás tampoco viven más. Solo una invención. Sendero polvoso que se impregna en la punta de los dedos, en la mitad de las piernas, me ensucia toda. Mezclase la tierra con mi sudor volviéndose mugre en las coyunturas que dibuja aparentemente como raíces de alguna planta arrancada de cuajo.

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Que deseo compaginado

Un teléfono que no suena, una mesa tosca, el pasillo, el baño, un patio en desorden. Los dormitorios que ya nadie usa. Pienso que sobrellevar el invierno Lud será una pirueta estilo circense para sortear todo el cuerpo que pareciera venírsenos encima como esa materialidad en la que nos hundimos un modo de táctica o escusa, un modo de pantys negras que suaves, pasadas a mi piel te hacen Lud no sabrán puertas y ventanas, suelos o camas, qué pasillos abigarrados de ficus, plantas de interior ahogadas por los resuellos en búsqueda del nivel ventarrón que deseo compaginado entre tus palabras y las mías.

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Y aquí estoy yo, dados

Que te muerde la boca Lud, las manos, los ojos, son los besos en forma de estrellas de anís, dónde estarás. A veces el recuerdo de los tacones alejándose, partiendo con prisa para no mirarte las lágrimas o el ya no era ayer sino mañana Lud. Te muerde la boca (lentísimo) y van cayendo muertos, todos muertos a tu alrededor, eres una cicuta en estado de fermentación, serena e invisible. Impávida, esperas Lud los espesores o las frases encima de tu cuerpo tan blanco y blando que todo parece dejar formas, los pasos en la arena, los olores postreros en una estancia de paso, en una playa de paso, en una arena de otro costal y piensas que las citas van cambiando tu faz.

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Te empozas

Los parpados mojados: ella dice, ella evoca un silencio que en alguna parte del barro las huellas adosadas. Ni gata, ni Beduina: una Lud tan triste, tan triste que ni consuelo o la arena. Una pura sed cuando tienes unas nostalgias de ese desierto que era el lugar donde te empozabas.

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Lloriquear-nos Lud

Evocamos los silencios del cello, como cada inter / lud-io de nuestro amor, Beduina del polifónico, tiene de saber cómo me perdí, amortajada en cada letra que leí, de tus actos, pliegues y costras, o de esa mancha que supuramos juntas , cariñito malo, descorcharé el vino que te gusta. Sentarnos a conversar en el borde del filo, en la frontera que nos separa, ahí donde no hay cabezas que rueden por nuestra majestuosa manera de hablar. Como la mantis que se escabulle, buscando el minuto de atacar. Cuando calla el cello, cuando jugamos a lloriquear. Te esperoé desnuda, buscando jamás acabaré.

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Personificar-nos Lud

Brusco por brusco entrenzó, arritmó la arboleda genuina de la alameda. Tú, beduina a la clementina, ensuciada en barro, con los tobillos tendidos al unísono, al roce, al toque de mi comisura carmesí.

«Esta historia la escribiremos juntas» y yo no te veo Lud, no te percibo, chiquita despistada, rajaré las vendas de tus senos, y cerraremos de una vez por todas esta mentira. Yo no quiero más Lud, no soporto esta personificación que te encanta. Como cordero desangrado, lud entrañas, lud performática, invertir estos roles que tanto guardas.

Soy Venus-madre cariño, tu doble Lud/Lud, tú en trance Ludmila, tu desgaste en el barro.

 

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Angélica Panes (Santiago, 1986). Ha publicado la plaquette Barro (H)otel (Cuadernos de Poesía, Biblioteca de Santiago, 2012) y los libros Barro (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2014) y Este pasar de cosas (Edicola Ediciones, 2015). Actualmente desempeña labores como profesora de educación media, además de generar libros inclusivos junto a la Editorial Libro Imaginario.

Alexander Correa (Santiago, 1991). Estudiante de Bibliotecología y Documentación UTEM. Aparece antologado en Versos / diversos  (El Perro y la Rana, 2010),  Ó  (Erizo, 2011) y  Halo. 19 poetas chilenos nacidos en los 90 (JC Sáez, 2014). Ha recibido los premios Roberto Bolaño y Juegos Literarios Gabriela Mistral. Ha publicado los libros  Ariel (  Proyecto editorial itinerante, 2012) y  Las cachorras (Libros del Perro Negro, 2017).

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